Autores
Alberto Alonso
(Vigo, 1967) nació en el “Verano del Amor”. Se considera parte de una generación de decepción y desconcierto en una búsqueda continua de un espacio para el desarrollo de la creatividad. Creyó encontrarla en el periodismo, un oficio que ejerció en medios como Radio Nacional de España, la agencia Efe o Diario 16. Poco a poco se vio inmerso en un laberinto indecente cuya salida fue la de aplicar a otras necesidades sociales de comunicación lo que había aprendido en los medios, pero convencido de poder desarrollar en esos ámbitos las virtudes de la verdad.
Durante todo este tiempo, nunca ha dejado de escribir poemas, relatos, artículos…, que rara vez han aprobado sus criterios de evaluación para ser compartidos.
Cuando trabajaba en periódicos escuchó a un viejo periodista decir “me acuerdo yo de cuando vinieron los bolígrafos”. A partir de esa expresión sintió el vértigo de los acontecimientos: la primera aplicación informática para sustituir a las linotipias, los envíos de artículos y fotografías “en mano” a través de los conductores de autobuses, la intuitiva virtualidad de los Apple Mac Classic y todo lo que vino después: la multiplicación de la capacidad de manipulación representada en el Photoshop, los grillos en el modem, las ediciones on line, las descargas… Y de ahí el desconcierto.
Hoy confía, aunque también con recelos, de las posibilidades abiertas por la facilidad con la que se puede transmitir información en red. Cree firmemente en la necesidad de proteger la neutralidad de internet para garantizar la supervivencia del modelo de intercambios entre pares, entre iguales. Puede ser la única receta para esa enfermedad de la decepción provocada por los sucesivos fracasos de los sueños libertarios.
Xurxo Torres
Nació en Vigo el 19 de julio de 1968. Cuarenta y dos años que han sido vividos paso a paso, con intensidad pero sin precipitaciones. Marido de Paula y padre de Laura y Candela por todas las cuales daría mil veces su vida. De ahí arranca su particular tragedia ya que en 2002 perdió a Alba, su pequeña cherokee, y descubrió que querer no es poder. Aquella noche, Xurxo perdió parte de si en un vacío que perdurará hasta que le llegue el vacío definitivo. Y mejor que sea realmente vacío porque de haber alguien al otro lado, a buen seguro, le pedirá cuentas.
Siempre ha escrito y siempre ha tenido historias que contar. Pero el tiempo impone sus obligaciones. Así que del Xurxo escritor nos topamos sólo con dos novelas publicadas (La Noche Americana y La Niña del Mundo) y una tercera (El Horizonte de la Reina) que está en desarrollo y en torno a la que se nos convoca.
Creo que no es mal tipo pero, y él lo sabe, todo se puede mejorar (empezando por uno mismo).
Y de todo ello doy fe que, al fin y al cabo, llevo cuarenta y dos años soportándolo.


